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Ser testigos del final de una era, parte 1

Publicado online en www.ecobuddhism.org

Véase también abajo una respuesta a una pregunta ocasionada por este artículo:
Acerca de la naturaleza de la luz que se ha apagado



En marzo de este año (2011) la revista científica Nature anunció lo que ya mucha gente sabía, que hay indicios claros de que la Sexta Extinción Masiva del mundo ya está en marcha. La última extinción masiva tuvo lugar hace unos 65 millones de años cuando un cometa o asteroide se precipitó contra la Península de Yucatán, en lo que hoy conocemos como México, causando tormentas de fuego cuyo polvo enfrió el planeta, y aproximadamente 76 por ciento de las especies murieron, entre ellas los dinosaurios. Las cuatro extinciones masivas de especies anteriores se debieron al calentamiento y enfriamiento global gradual, y ocurrieron en una escala de cientos de miles a millones de años. Lo que es específico de nuestra extinción masiva actual es que ha ocurrido muy rápidamente en unos pocos siglos, y, lo más importante, que ha sido provocada por los seres humanos. "La extinción masiva moderna global es un riesgo en gran medida ignorado del cambio climático y las actividades humanas".(1)

Estamos lentamente y, en algunos casos, de manera muy reacia, despertando a la catástrofe ecológica global de la contaminación tóxica, el cambio climático y la extinción de especies. Y el hecho de que estos cambios puedan ser irreversibles y posiblemente catastróficos se empieza a conocer. La reciente entrevista a Joanna Macy sugiere que podemos estar llegando al final de la Era Cenozoica, los sesenta y cinco millones de años desde la última Extinción Masiva:

Continuar con nuestra trayectoria de actuar como si no hubiese pasado nada acidificará los océanos y provocará un calentamiento global fuera de control, una extinción masiva de dimensiones épicas y un ciclo totalmente nuevo del tiempo geológico. Unos pocos climatólogos consideran que podríamos haber entrado ya en un cambio climático fuera de control.

La humanidad se enfrenta ahora a este desastre global sin precedentes, que se ha creado a sí mismo, y como la reciente conferencia sobre el cambio climático en Copenhague puso de manifiesto, no parecemos dispuestos a enfrentarnos a los hechos, poniendo el beneficio económico a corto plazo por encima de la realidad de lo que verdaderamente está teniendo lugar y sus consecuencias a largo plazo.

La humanidad se enfrenta ahora a este desastre global sin precedentes, que se ha creado a sí mismo, y como la reciente conferencia sobre el cambio climático en Copenhague puso de manifiesto, no parecemos dispuestos a enfrentarnos a los hechos, poniendo el beneficio económico a corto plazo por encima de la realidad de lo que verdaderamente está teniendo lugar y sus consecuencias a largo plazo.

Sin embargo, existe otra dimensión en este conflicto global que no debemos ignorar. Muchas enseñanzas espirituales nos dicen que lo que sucede en el mundo exterior tiene primero lugar en el interior. Conocemos esto en nuestra práctica individual, como lo expresa el sencillo mantra "todo cambio sucede desde dentro". Los pueblos indígenas han entendido desde hace mucho tiempo cómo sucede esto a un nivel macrocósmico, y sus chamanes han trabajado a menudo para mantener los mundos internos alineados para que la armonía de la vida pueda continuar. Por ejemplo, los koguis de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia trabajan para mantener el equilibrio de la vida, mediando entre el mundo material y "Aluna", la conciencia cósmica que es la fuente de la vida y la inteligencia.

Si el mundo exterior, material es un reflejo del mundo interior, ¿cómo podemos "afrontar los hechos" y asumir la responsabilidad real de nuestra situación exterior si no sabemos lo que está sucediendo en el mundo interior, en nuestra alma y el alma del mundo?

Mientras que una cultura indígena y sus chamanes mirarían primero el interior con el fin de comprender el exterior, esto no forma parte de nuestro patrimonio occidental. Y mientras que las tradiciones espirituales orientales nos han ayudado a comprender que la transformación personal depende del cambio interior, la dimensión más amplia, macrocósmica de estas enseñanzas ha sido generalmente pasada por alto. Sin embargo, una comprensión holística y espiritual de nuestro conflicto global actual necesita urgentemente de esta perspectiva.

En primer lugar, se debe entender que así como nuestros actos físicos afectan al mundo exterior y han producido nuestra crisis ecológica, nuestra conciencia afecta directamente al mundo interior. Los mundos interiores están formados por la conciencia de la humanidad más de lo que comprendemos, por lo que muchas enseñanzas espirituales hacen hincapié en la importancia de nuestra actitud, los valores que dirigen nuestra vida.(2) La actitud de nuestra conciencia es un factor determinante en el mundo interior.

Se ha sugerido que nuestro desastre ecológico actual proviene de una actitud de separación. Nuestra cultura occidental se centró en el bienestar individual a costa de nuestra interrelación con el todo. También separamos el mundo físico de sus raíces en lo sagrado, lo que permitió a la humanidad abusar y contaminar el mundo de una manera que sería impensable para cualquier cultura indígena que venera lo sagrado de la creación.

Durante muchos años he sido testigo de cómo nuestro desprecio y el olvido de lo sagrado, el estar centrados exclusivamente en el bienestar material, ha sido muy destructivo para el mundo interior. Lugares de poder y belleza se han echado a perder, su sabiduría y magia se han ocultado o perdido. También he visto el resultado interno de nuestro abandono del alma del mundo, el anima mundi, que en la antigüedad entendían como el principio de orden espiritual en la creación.(3) Una desolación y tristeza profunda están ahora presentes en el mundo interior, ya que lo que es tan esencial y precioso ha sido abandonado.

En los últimos años el abuso de la imaginación ha sido especialmente perjudicial. La imaginación se entendió durante mucho tiempo como un puente entre los mundos, que nos conecta con el alma, que permite el acceso al mundo simbólico que subyace a lo físico. Es este mundo simbólico y arquetípico lo que a menudo le da sentido y profundidad a nuestra vida externa. Sin embargo, recientemente hemos descubierto el uso mágico de la imaginación o "secreto" como forma de atraer la vida exterior o los objetos materiales que queremos. Al proyectar nuestros deseos e ilusiones en el mundo interior hemos prostituido su uso sagrado para beneficio personal. Las enseñanzas y las historias espirituales nos han advertido de esto desde hace mucho tiempo, pero nuestra indiferencia por todo lo que no sean los deseos del ego implica que hemos profanado el mundo interior de modo que ya no puede dar sentido a nuestra vida tan fácilmente. Con nuestra codicia no hemos contaminado sólo nuestros ríos, sino también las aguas sagradas del mundo interior.

Durante el último año me he dado cuenta de que está teniendo lugar un cambio aún más desastroso. Una luz en el mundo interior que daba sentido y sustento espiritual a nuestras almas y al mundo entero ha ido apagándose. Y ahora se ha extinguido. Algo que desde hace milenios ha sido fundamental para la vida interior se ha ido, se ha perdido por nuestra codicia y arrogancia, por nuestra dinámica de poder centrada en el ego y el olvido de lo sagrado. No sólo estamos entrando en una era externa de extinción, sino en una era de de oscuridad interior. Y lo que es más peligroso es que no parecemos saber qué está sucediendo, a pesar de que esta luz interior es fundamental para el bienestar de nuestra alma individual y el alma del mundo.

Toda alma trae consigo una luz que porta el sentido y el destino de su vida. Esta luz es lo que da sentido a nuestra vida para poder vivir el sentido de nuestra alma, el propósito más profundo de nuestra encarnación. La mayoría de las personas experimentan esto como la luz de su conciencia o brújula moral que los guía en la vida. Aquellos que se sienten atraídos por un camino espiritual son capaces de trabajar con esta luz. Mediante la purificación y las prácticas espirituales, somos capaces de aumentar nuestra luz para poder ver con más facilidad el sendero que debemos seguir para regresar a nuestro verdadero Yo.(5) Cuanto mayor es la luz, más fácil nos es vivir la finalidad y el destino del alma. También es esta luz lo que nos permite transformarnos a nosotros mismos y descubrir lo que es real dentro de nuestros corazones y almas. Sin embargo, el egoísmo, el olvido, y las muchas influencias corruptoras de la vida cubren fácilmente esta luz, hasta que sin su iluminación somos fácilmente atrapados en las muchas ilusiones de la vida, incapaces de cambiar o evolucionar. Y mientras la luz dentro de nosotros nos permite cambiar interiormente y crecer, evolucionar como un ser humano y un alma, en la oscuridad podemos retroceder fácilmente.(6)

Lo que es verdad para la vida de un individuo es también verdad para una era de la humanidad. Cada era tiene una luz que posibilita a la humanidad llevar a cabo el propósito de esta era. En los últimos tiempos, esta luz nos ha despertado a los descubrimientos de la ciencia, una comprensión del mundo material que ha mejorado nuestro bienestar físico, a la vez que nos ha hipnotizado. Lamentablemente estos descubrimientos han tenido un lado de sombra de codicia y explotación, y nuestro enfoque en el mundo físico ha ocasionado un olvido profundo del mundo interior y de lo que es sagrado. Al final de una era, la luz que pertenece a esa era se puede transformar en la luz de la nueva era o puede apagarse. Podemos ver las semillas de la próxima era en una conciencia global emergente, en nuestro recuerdo de la interrelación y la unidad de toda la vida, incluso en ciertas tecnologías como internet. Pero la oscuridad de nuestra codicia colectiva, egoísmo y olvido de lo sagrado ha tenido una influencia más fuerte. Como una nube densa nos ha cubierto la esta oscuridad. Y ahora esta luz se ha apagado.

¿Qué significa que esta luz se haya apagado? Esta luz portaba el destino más alto y el propósito de la humanidad y el mundo. Hizo posible la transformación y la evolución. Sin esta luz no puede haber ni verdadero cambio, ni cambio en la conciencia, ni evolución, sea cual sea nuestra intención o aspiración aparente. La luz del alma individual, nuestro destino individual, permanece. Pero esta luz individual deja de ser alimentada o apoyada por la luz mayor de la era. Sin la energía de esta luz mayor, el destino del alma individual, su posibilidad de evolución, es muy limitada. Y también nuestra luz individual es más susceptible de ser reducida o influida por las fuerzas de la oscuridad que están muy presentes en el mundo en este momento. Esta es nuestra condición actual, y nuestra falta de conocimiento o comprensión del mundo interior la hace especialmente precaria. Esta situación interna actual es tan radical y extrema como el conflicto exterior de "Extinción Masiva".

Hemos llegado al final de una época y estamos destruyendo nuestro ecosistema. No tenemos el potencial para un cambio o transformación reales. Nos quedamos en un páramo interior y exterior, contaminado por nuestra codicia y olvido, que no puede dar verdadero sentido a nuestra vida, individual o colectivamente. Y estamos tan separados, tan alejados de nuestra alma y del alma del mundo que ni siquiera parecemos darnos cuenta. Nuestra cultura materialista está tan atrapada en sus ilusiones superficiales que no puede ver que la luz se ha apagado.

¿Cuánto tiempo puede durar esto? ¿Cuánto tiempo puede continuar la ignorancia de nuestro verdadero conflicto? ¿Cuánto tiempo podemos mantener colectivamente las distracciones que nos protegen de ver lo que está sucediendo realmente? ¿Y cuánto tiempo permanecerán la humanidad y todo el mundo en esta oscuridad? Algunas personas dicen que el 2012 es el año en que la nueva era comenzará. Otros piensan que nuestra destrucción del planeta continuará durante décadas, hasta que se acabe el petróleo o aumente el nivel del mar.

Y así esperamos en la oscuridad de un mundo agonizante. Sentimos en nuestras almas lo que podemos ver en el ecosistema, que algo ha terminado, que el mundo no volverá a ser lo que era. Y el colectivo, todavía atrapado en su sueño de materialismo, siente una ansiedad, incluso ira, ya que sabe que a este sueño se le ha pasado su fecha de caducidad, que sus promesas de prosperidad están vacías.

¿Qué podemos hacer? Las enseñanzas espirituales hablan de la importancia de ser testigo, de mirar sin juicio o expectativas. Este no es el momento de acción o de hazañas, sino un momento de conciencia real. Pero primero es necesario despertar a la realidad de lo que hemos hecho.



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Una respuesta a una pregunta sobre el artículo:
Acerca de la naturaleza de la luz que se ha apagado

La luz que se ha apagado es la luz que daba sentido a la última era, que dio propósito y dirección a esta etapa de la evolución humana. Es similar a la luz del alma individual que da sentido y significado a la vida individual, pero pertenece a toda la humanidad. Esa luz podría haberse transformado en la luz de la nueva era, que he descrito en otras ocasiones como la luz de la conciencia de la unidad, que es el próximo paso en nuestra evolución humana, la evolución de nuestra conciencia. Pero había demasiada codicia colectiva, "yo" frente a "nosotros" y demasiado olvido colectivo de lo sagrado para que esta luz se transformase. Así que ahora se ha apagado.

La luz del alma individual sigue existiendo todavía, pero pero ha dejado de ser apoyada o alimentada por la luz mayor del todo. Por lo tanto, es más susceptible a las fuerzas de la oscuridad y el olvido. También sin la luz de la totalidad no puede haber evolución del alma individual.

Esto no significa que la luz de Dios se haya apagado. La luz divina está presente en cada célula de la creación. Sin esta luz no puede haber vida ni existencia. Toda la creación es como la luz única de Dios, que pasa a través de un prisma y se convierte en los muchos colores de la existencia. Pero la luz de la era es una luz que se da a la humanidad para ayudarla a evolucionar, y parte de esta evolución ha sido tradicionalmente el cuidado del bienestar físico y espiritual del planeta, lo cual hemos dejado de hacer. Ahora esta luz se ha ido y no puede haber evolución individual o transformación colectiva sin la infusión de una nueva luz, la luz de la próxima era; no puede haber ningún cambio en la conciencia colectiva sin la energía que puede hacer que esto suceda. La humanidad por sí sola no tiene acceso a esta energía; tiene que ser dada a la humanidad.

Fue un shock ver que había sucedido esto. He visto que la luz se apagaba a lo largo de los últimos años, pero ver, finalmente, que esta luz se había apagado fue un shock. No creo que haya sucedido antes, al menos no por muchos milenios. Y lo que es todavía más sorprendente es que nadie parece ser consciente de lo que ha sucedido. Estamos tan atrapados en las ilusiones del mundo exterior, y por desgracia últimamente en las ilusiones espirituales del mundo interior, que no nos damos cuenta de lo que está sucediendo.

~Llewellyn Vaughan-Lee

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Notas

(1) H. Richard Lane, director de programa, NSF, División de Ciencias de la Tierra.
(2) Por ejemplo, adab o cortesía espiritual, es fundamental para el sufismo. Adab es una expresión externa de una actitud espiritual interior.
(3) Carl Jung describe esta tragedia: "El ser humano ha dejado de ser el microcosmos y su alma ya no es la scintilla consustancial o chispa del Anima Mundi, el Alma del Mundo" (Obras completas, v. 11)
(4) Por ejemplo, la Historia de Moshkel Gosha persa, en la que el cortador de zarzas utiliza las joyas del mundo interior para beneficio personal, con resultados desastrosos
(5) En el sufismo este es el misterio de la "luz sobre luz", por el que la luz de nuestra aspiración atrae a una luz superior, divina que nos ayuda en nuestro camino.
(6) Esto ha sido muy evidente cuando la gente está atrapada en una oscuridad colectiva, como por ejemplo la Alemania nazi, o, más recientemente, Bosnia o Ruanda, y la gente común y corriente retrocede a una crueldad terrible.