The Golden Sufi Center

Una oración matutina y la llamada de la Tierra

 

El mundo está colmado de la grandeza de Dios.

Existen muchas maneras diferentes de rezar; en palabras de Rumi, "hay mil maneras de arrodillarse y besar la tierra". Hace poco escribí sobre el sentirme atraído a la oración interior, pero hay otra forma de oración que viene a mi encuentro cada mañana temprano.

Paseando a lo largo de los humedales, veo las alas de una garza que se elevan desde el agua blancas y brillantes. Vuela y se posa más lejos en la temprana luz gris, y yo soy despertado de una manera muy diferente a como lo hago con mi primera taza de té caliente. Después de ver sus alas blancas, blancas, veo el mundo más claro, y las rosas silvestres más brillantes y más rosadas mientras se derraman por una cerca. Siento, huelo, oigo y veo de una manera diferente: estoy más presente.

Siempre me gustó y necesité pasear por la mañana temprano. Después de levantarme, de meditar y tomar té caliente, entonces salir fuera, sentir, percibir el mundo antes de que empiecen las exigencias del día. Incluso cuando vivía en la ciudad, solía correr o ir en bicicleta por la mañana temprano, necesitando esta conexión, este ver el mundo a mi alrededor antes de que los asuntos del día ahogasen demasiado a menudo toda calma. Durante los últimos veinte años he vivido en la naturaleza —una bendición inesperada—, y al dar el mismo paseo todas las mañanas, cada día solía ser diferente, la luz, la llamada de los pájaros, el modo en que el viento movía una hoja. Hace poco nos mudamos, no muy lejos, pero mi paseo matinal es diferente, a lo largo de un humedal más que entre los árboles, y así el paisaje del encuentro matinal es muy diferente. Y sin embargo, la esencia de la oración temprana es la misma: el encuentro con lo sagrado alrededor mío.

Mientras que la meditación me lleva hacia dentro a un silencio interior y vacío esenciales, caminar por la mañana temprano es una oración. En la oración hay un reunirse: me reúno con el Uno en sus muchos colores, sonidos y olores, y me postro ante Él. Desde luego, muchas mañanas me olvido y me llevo mis pensamientos a caminar conmigo. Pero entonces me lo recuerdan, como hoy cuando las alas de la garza destellaron blancas, y me despierto de mí mismo y veo más claramente los colores, los sonidos, la belleza, lo divino. Una vez más me sintonizan con cómo "El mundo está colmado de la grandeza de Dios".

Toda oración en la que haya un encuentro verdadero, una relación real con lo divino, está siempre cambiando. Lo mismo que cada día es diferente, a veces niebla (vivimos junto al océano), a veces sale el sol, a veces luz brillante, también cambian los estados de oración. A veces, el encuentro por la mañana es más íntimo, mi corazón canta, siento una profunda unidad con lo que está alrededor mío. Últimamente siento una llamada, como si la Tierra me necesitara, necesitara mi atención. Quiere atraerme a una conciencia más profunda, a que me reúna con ella no solamente en la superficie, en medio del resplandor de sus colores y sonidos, sino en su alma interior, en las profundidades de su ser sagrado.

En esos momentos hay una sensación de que la oración de mi paseo matinal no solo es para mé, sino también misteriosamente para algo en la naturaleza, que la Tierra necesita este encuentro en oración. Esas mañanas temprano son para mí un recuerdo profundo de lo sagrado en la creación, en el mundo alrededor. Es un momento muy privado, nadie está cerca. Trato de no permitir que aparezcan las formas de pensamiento o exigencias del déa. Pero ha llegado una sensación cada vez mayor de que la Tierra necesita el recuerdo —es una llamada a mi conciencia de su naturaleza divina—, que necesita mi oración.

Pensamos siempre que nuestra oración trata de nosotros, de nuestra necesidad de la Divinidad. Y desde luego es verdad: la oración nace de la necesidad. Cada mañana, bajo la necesidad de recordar, de reconectarme con un milagro que está alrededor mío, existe también una verdad más profunda: que la Divinidad necesita nuestro recuerdo. La Divinidad nos llama de muchas maneras a lo largo del día, a lo largo de nuestra vida. Y nuestra oración es una respuesta a Su llamada. Como dijo Rumi: "Nunca supe que Dios también nos deseaba".

Y ahora la Tierra está llamando. Lo puedo sentir por la mañana temprano, en el blanco resplandor de las alas de la garza, en la fragancia de las flores silvestres. La Tierra necesita que recordemos su naturaleza divina, necesita nuestras oraciones. Algo sagrado en el mundo está muriendo y necesita nuestra atención. ¿Cuánto tiempo puede sobrevivir nuestra profanación de la cultura, nuestro pillaje y contaminación, nuestro profundo abandono de su naturaleza divina? Lo mismo que el mundo me ayuda a despertar cada mañana, se nos necesita para ayudar al mundo a despertar de esta pesadilla que llamamos materialismo. El alma del mundo nos está llamando. Se necesitan nuestras oraciones por la Tierra.