The Golden Sufi Center

Una oración por el mundo

Llewellyn Vaughan-Lee


Cuando el dharma disminuye y el sentido de la vida se olvida,
me manifiesto yo en la Tierra

— KRISHNA(1)

Las enseñanzas espirituales nos dicen desde hace mucho tiempo que los cambios suceden primero en los planos interiores y que después se manifiestan paulatinamente en el mundo exterior de nuestra vida cotidiana. Hoy en día vemos en la destrucción de nuestro sistema ecológico, en nuestra volatilidad económica global, señales de un mundo que gira sin equilibrio. Si se quiere examinar y entender qué podrían significar esos cambios, hay que ir hacia dentro, adonde se constelan las fuerzas que definen la superficie de nuestra vida. Mi camino me ha llevado a las cámaras del corazón, al amor y el vacío que son el hogar del místico. Pero este viaje tenía también una dimensión global. Se me ha llevado a los mundos que subyacen a la creación, donde se me ha mostrado cómo las energías en esos mundos interiores están cambiando y cómo en este momento se está constelando una nueva energía y se están desarrollando nuevos patrones.

Esta exploración de las fuerzas subyacentes a la creación empezó hace más de treinta años con una serie de viajes por el mundo arquetípico(2), una realidad que el chamán conoce desde hace mucho tiempo. Carl Jung describe esas fuerzas arquetípicas como los grandes factores determinantes en la humanidad, sus patrones los "cauces fluviales" por los que fluyen las aguas de la vida. Viajando por este mundo ancestral, experimenté cómo están cambiando ciertos patrones arquetípicos, cómo están despertando ciertas nuevas fuerzas. Cuando estas fuerzas empiezan a desplazarse en las profundidades, uno sabe que algo está cambiando en el centro de la humanidad.

Durante estos viajes, los arquetipos me enseñaron mucho sobre los patrones detrás de la existencia, y cómo su poder funcionaba dentro de este orden ancestral. Por ejemplo, una figura, el Anciano de los Días, me mostró el significado del tiempo y cómo el crecimiento de las plantas, los ciclos de nuestro cuerpo, las mareas de nuestros mares, todo está reflejado en el movimiento de las estrellas y las galaxias --el conocimiento tradicional de "como arriba, así abajo"-- , y cómo hemos perdido este fluir y su propósito en nuestras frenéticas vidas. En vez de esto, nosotros luchamos con el tiempo, intentando meter en nuestras horas y días tanto como podemos, en lugar de reverenciar su profundo significado(3). Así hemos herido al arquetipo del tiempo, incluso hemos intentado encarcelarlo en nuestros horarios.(4) A su vez, él se ha vuelto amargo, dando desolación al paso de nuestros días.

Otra figura, cuyo cuerpo se componía de plantas y frutos y de todo lo que crece, me mostró la infinita munificencia de la Tierra, la generosidad de la creación. Y sin embargo, como no hemos venerado su naturaleza sagrada, hemos perdido la alegría que es esencial a la vida, la alegría que es tan evidente en el momento en que se abre una flor, o las escamas de un pez brillan a la luz del sol mientras nada en el agua. Como resultado, trabajamos muy duro por muy poco, y nos hemos negado a nosotros mismos y a nuestros hijos la música y los colores de la creación, la entrega y la generosidad esenciales de la vida. Así como se me mostraron su magia y su conocimiento, vi también cómo estos arquetipos ancestrales, las fuerzas que solíamos venerar como dioses y que han subyacido nuestra existencia desde hace mucho tiempo, se están reorganizando, cediendo el paso a una nueva figura. Esta nueva energía puede cambiar los patrones de la existencia de un modo que ni siquiera ellos con su vasto conocimiento podían concebir. Sabían que su era de poder estaba llegando a término y lo aceptaban. Todos ellos estaban heridos por el modo en que nuestra cultura racional había ignorado su existencia, la forma en que nuestra vida superficial había perdido la conexión consciente con las profundidades. Comprendían que a menos que esta nueva energía pueda llegar a la existencia, algo esencial en el mundo morirá, e incluso con todo su poder y sabiduría no serían capaces de impedir esta muerte.

Cuando estas fuerzas empezaron a desplazarse, viejas pautas de poder empezaron a desmoronarse y surgió un nuevo arquetipo. Este arquetipo apareció ante mí como una imagen del niño cósmico con estrellas en los ojos. Y este niño se describió a sí mismo más como un espacio que como una forma, un espacio sagrado en el que podemos ser nosotros mismos y experimentar la alegría que forma parte de la vida misma. Este espacio abarca todo, todo y cada uno según su verdadera naturaleza, "todo puede ser sí mismo como es, como era al principio". Este niño reúne también lo interior y lo exterior, el espíritu y la materia, uniendo los opuestos en la unidad.

Este niño no nace del pasado, ni siquiera del orden ancestral de los arquetipos, sino que ha venido de una dimensión totalmente diferente dentro de nosotros mismos y del cosmos. Lleva consigo una posibilidad que está libre de muchas de las pautas del pasado, y tiene también una magia que posibilita que ocurran cosas de una manera que nunca había sucedido antes. Está vivo de una manera completamente nueva, perteneciendo al momento que está fuera del tiempo y sin embargo, plenamente presente. Tiene similitudes con el Niño Jesús, nacido en la sencillez del pesebre, en medio de lo ordinario de la vida, y llevando una nueva posibilidad de amor. Pero este arquetipo que está apareciendo tiene una dimensión cósmica raramente presente en el simbolismo cristiano. Este niño cósmico es una promesa inesperada y un regalo, y viene con risas y alegría, además de venir como un mensajero de muy distantes galaxias.

A través de los ojos del niño empecé a hacerme consciente de cuánto nos hemos limitado a nosotros mismos, cuánto hemos encarcelado nuestro potencial humano en las formas de nuestro condicionamiento racional. Y ahora una nueva forma de ser está naciendo en las profundidades de la humanidad, un camino que nos lleva de regreso al centro sagrado de nuestro ser y a su potencial mágico. Si tenemos acceso a esta energía arquetípica, dejaremos de necesitar muchos de los juguetes de trivialidad que usamos para distraernos y entretenernos. Una vez más podremos ser alimentados directamente por la vida y su alegría inherente. Y en esta reconexión existen muchas posibilidades de sanación para nosotros mismos y para el planeta. Se nos daría de nuevo acceso a la magia en la creación.

A comienzos del año 2000 empecé a ver este nuevo arquetipo como una chispa de conciencia que espera a ser dada a la humanidad tanto de forma individual como colectiva. Esta conciencia de la unidad es bien conocida para el místico, porque forma parte de la conciencia de nuestro Yo Superior o atman, que existe en un plano de amor y unidad, en el que todo se incluye y se conoce según su verdadera naturaleza. Se simboliza por el mandala en el que todas las diferentes partes forman una imagen de belleza y plenitud. Pero esta nueva conciencia no es sólo un ideal espiritual, alcanzado mediante años de meditación, sino una realidad tangible, ya visible en nuestra comunicación global. Está presente en internet y en las redes de teléfonos móviles que forman un todo interconectado, una unidad dinámica a la que cada vez más gente del mundo tiene acceso; de los cibercafés en Uzbekistán a los teléfonos móviles de Somalia. Y sin embargo acceder a esta conciencia requiere que nos alejemos de nuestro enfoque presente centrado en el ego y asumamos la responsabilidad por el todo, como exige nuestra crisis ecológica. Pero lamentablemente parecemos reacios a abandonar nuestras imágenes de realización y autogratificación impulsadas por el ego.

Después de viajar a las profundidades empecé a ver la oscuridad que nos rodea ahora, y cómo no quiere que algo tan precioso como esta nueva conciencia sea dado tan generosamente. Vi cómo estamos controlados por las fuerzas que nos manipulan y nos llevan a la codicia, cómo crean una red de deseos que nos mantiene en las garras de esta sociedad de consumo que está envenenando nuestras almas y el planeta. Estas fuerzas nos mantienen centrados en nosotros mismos, en nuestros deseos y necesidades, y además muy ocupados superficialmente, lejos de la energía interna que podría hacernos libres. Se las puede ver trabajando en las compañías multinacionales que controlan una gran parte de esta compraventa que llamamos vida y, sin embargo, vienen de un lugar más profundo en la creación, un lugar que no quiere ningún cambio, que no quiere la luz. Esas fuerzas son también ancestrales y poderosas. Conocen la astucia y el engaño y cómo hacernos vender nuestra alma por unas cuantas monedas de plata. Nos ofrecen una imagen de progreso y, al mismo tiempo, nos niegan la luz sagrada que es lo único que puede nutrir nuestras almas y nuestra vida cotidiana. Y se alimentan de la sangre vital del planeta.

No sólo nos empujan hacia esta red de deseos, sino que también se aseguran de que quedemos insatisfechos, adictos a los productos que prometen tanto y dan tan poco. Y esas fuerzas son incluso más peligrosas porque están cubriendo el mundo de olvido, el olvido de nuestra naturaleza divina. ¿Cómo podemos reconectarnos con nuestra alma si hemos olvidado que tenemos un alma? ¿Cómo podemos recobrar nuestra naturaleza divina si hemos olvidado que somos divinos? Las fuerzas del olvido son muy poderosas y nos seducen muy fácilmente con la falsa dulzura que ofrecen. Nos convertimos en "criados ligados por contrato" que venden sus productos, sin ni siquiera conocer la luz que hemos abandonado.

Y entonces se me llevó al centro mismo de la creación, y vi que el cambio que se le está ofreciendo a la humanidad y al mundo entero ocurre sólo una vez en miles de años. No es simplemente el cambio a una nueva era, sino a un modo de ser que no ha sido ofrecido desde hace muchos milenios. Y el mundo es abarcado de una manera que no lo ha sido desde el comienzo, desde los primeros días en que la conciencia estuvo por primera vez presente en la humanidad y todo era sagrado. Este momento es sólo un recuerdo lejano en nuestra conciencia colectiva, un momento "antes de la caída" que conservamos como una imagen llamada paraíso en el que en las imágenes de la Biblia paseábamos con Dios por el Paraíso Terrenal. Era un tiempo antes del tiempo, cuando la humanidad no estaba separada de lo sagrado, cuando la sencillez y lo directo de nuestra naturaleza divina estaban presentes en cada respiración, en cada paso. A veces, incluso hoy, uno puede toparse con niños que todavía viven por unos pocos años en ese mundo mágico, antes de que la frialdad de nuestra cultura competitiva los congele y los arranque de esa calidez. Pero se me mostró que la humanidad tiene la posibilidad de reclamar esta conexión otra vez, de dejar de vivir en la separación, de dejar de vivir en el exilio.

Y entonces se me recordó que había un tiempo en el que el corazón del mundo estaba despierto y cantaba la canción de la creación. Y escuché esta canción ancestral que provocó lágrimas en mi corazón, y supe que si el corazón del mundo empezaba a cantar, toda la creación cobraría vida de un nuevo modo, que sería como la primavera al final de miles de años de invierno. Y vi cómo los colores sagrados regresarían y los pájaros del recuerdo cantarían, y cómo podríamos reconectarnos con todas las criaturas diferentes de la tierra y conocer su lengua y sus formas de ser, y una vez más vivir en armonía con toda la creación. Y se abrirían las puertas entre los mundos y todos los niveles de la existencia podrían comunicarse y nutrirse unos a otros. Incluso la presencia de los ángeles y los devas ya no sería una suposición, sino parte de las vidas de todos los habitantes de este mundo, como lo fue en un pasado muy lejano.

Al nivel más práctico, los espíritus de la naturaleza nos pueden enseñar cómo vivir en armonía con las fuerzas de la naturaleza, cómo cultivar plantas que sean sostenibles y nutritivas. Hay también magníficos devas que nos pueden ayudar a limpiar la contaminación en el aire y el agua y asimismo enseñarnos una vez más las propiedades curativas de las plantas y la magia de las piedras. Es hora de que reconozcamos nuestro parentesco con la creación y con las fuerzas en la creación, que aprendamos a comunicarnos con los elementales que viven en el planeta, a respetar su manera de hacer las cosas, así como beneficiarnos de su sabiduría. Todos somos parte de un todo vivo al que contribuye cada parte. Los devas y otros espíritus también se beneficiarán de la comunión con la humanidad, ya que ellos también han sufrido por el aislamiento, a menudo retirándose a las profundidades de los mundos interiores ya que hemos negado su existencia, contaminado sus ríos sagrados, talado sus arboledas.

En Occidente nos hemos olvidado mucho de los mundos interiores, a pesar de que en los últimos años ha existido un interés cada vez mayor por los espíritus de la naturaleza y cómo trabajar con ellos, y hemos mantenido una conciencia sobre los ángeles. Pero hace tanto tiempo que no canta el corazón de la Tierra que incluso hemos olvidado su existencia en nuestra memoria mitológica. Existen rastros de ello en las líneas de canciones de los aborígenes australianos por medio de las que la gente aborigen encuentra su camino por el monte. Sin embargo, ni siquiera sabemos que el mundo tiene un corazón, y mucho menos que pueda cantar. Pero existe la posibilidad de que esta canción regrese, de que el mundo despierte de nuevo. Cuando sentí la promesa de esta música primigenia, removió en mí algo profundo que forma parte de la magia del verdadero comienzo, cuando a todo en la creación se le dio su nombre sagrado y su propósito.(5) Cuando sintamos esta canción, sabremos lo que significa realmente estar vivo y ser una parte de las muchas dimensiones que están presentes en la existencia.

Y vi el nuevo conocimiento que estaba esperando para ser dado al mundo, las tecnologías del futuro tan revolucionarias como lo ha sido internet en los últimos años. Supe que el conocimiento del poder de la luz sería fundamental, porque la luz del sol es gratuita y se puede usar de manera que no cause contaminación. También simbólicamente es hora de que nos conectemos con la fuente de poder en el centro de nuestro sistema solar y de que traigamos este poder a nuestra vida cotidiana. El mismo poder que hace madurar nuestros cereales y frutas puede satisfacer nuestras necesidades de energía. Asimismo, nuestros conocimientos sobre la luz espiritual de un ser humano avanzarán y serán accesibles de maneras que de momento nos están ocultas(6). Se nos devolverá más parte de nuestra herencia espiritual, lo divino que está dentro de nosotros esperando a ser vivido.

Los modos del futuro serán sencillos más que complejos, y serán dados a la humanidad como un todo, porque la totalidad es el sello de la próxima era. La época de los hermanos enfrentados ha pasado y la unidad está empezando, y los caminos de la unidad serán siempre simples. Sí, la próxima era tendrá un lado oscuro, un abuso de su magia y poderes. En este plano de la existencia tiene que permanecer la dualidad de luz y oscuridad, y los seres humanos serán puestos a prueba como han sido puestos a prueba siempre. Pero nadie querrá volver al mundo gris de nuestra era presente, con sus muchas divisiones y penurias.

Se me mostró mucho en los mundos interiores, la luz y la oscuridad. Y vi los lugares de poder que pertenecen al futuro, esperando a que se les despierte, a que su energía sea activada. El poder de lugares como Stonehenge reside en eras de un pasado lejano, pero existen nuevos lugares esperando cuya energía pertenece al siguiente paso en nuestra evolución humana, lugares que conectarán las energías del cielo y la tierra de una nueva manera y usarán el poder sagrado que forma parte de ambas. Y hay maneras de activar estos lugares, no ya con edificios, pirámides o círculos de piedra que señalan la salida del sol, sino con pequeños grupos de iniciados que conocen las palabras que han de ser pronunciadas, las oraciones que han de ser dichas, que guardan en sus corazones la llave de esos lugares, a los que se les dará la sabiduría de cómo usar su poder para beneficio de la humanidad.

En gran parte, serán los grupos pequeños los que se convertirán en centros de poder de la nueva era, formando una red de luz. Pequeños grupos de místicos y buscadores están ya sosteniendo una nueva luz para la humanidad, formando una red de luz alrededor del mundo. No tienen ni estructura ni organización, ni siquiera saben cómo están conectados. Pero son parte de la estructura orgánica del cuerpo de luz del planeta, ayudando en su evolución, muy diferentes de las fuerzas jerárquicas, organizadas, de la oscuridad que son tan visibles. Y vi cómo un hilo de recuerdo divino estaba siendo entretejido en el cuerpo de luz del planeta, y cómo esto podía contribuir a su sanación. Y cómo la oscuridad estaba siempre intentando distraer nuestra atención, llevarnos de vuelta al ego y a la maldición del consumismo.

Y así, el drama de nuestro mundo continuó representándose durante semanas y meses y años; y el mundo estaba muriéndose, y el alma del mundo estaba pidiendo ayuda a gritos. Y algunas almas respondían a esta llamada y otras estaban atrapadas en el olvido. Y el corazón del mundo estaba esperando.

En el escenario del mundo había guerras y miedos a los terroristas, una burbuja del mercado de valores y un colapso de la propiedad inmobiliaria y de los bancos. Y todo el tiempo en la creación una luz intentaba nacer, y algunas almas se ofrecían a hacer de comadronas, a ayudar a que naciera. En mis oraciones y meditaciones vi que había una nueva nota en el amor en el centro de la creación, y que esta nota no había sido tocada antes. Esta nueva nota de amor es como una llave que abre un nuevo nivel de percepción en nosotros, despierta centros de poder en el mundo y en la humanidad.(7)

Y vi cómo la oscuridad estaba reuniendo sus fuerzas para asegurarse de que nada nuevo pudiera nacer. Como siempre, el destino de la humanidad en este mundo se juega entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad, pero en este momento de transición este combate se pone de relieve mucho más. Mientras que la luz y el amor luchan por darnos nuestra herencia divina, nuestra libertad y alegría, la oscuridad encuentra nuevos modos de distraernos y negar a la luz su poder. Y ví cada vez más claramente que la humanidad sola no podría hacer esta transición. Ha pasado demasiado tiempo desde que supiera cómo funcionan los mundos interiores. Casi todos sus chamanes y videntes han desaparecido. Hemos olvidado los lugares de poder y las palabras sagradas. En su lugar, tenemos unas pocas enseñanzas de la new-age, que quizá nos traigan algo de luz, pero que tienen poco conocimiento de las fuerzas en la creación.

Y así nos hemos quedado esperando en la oscuridad creciente. Lentamente se está extinguiendo la luz de la última era. Lentamente se está perdiendo el significado de la vida, hasta que, como en “Macbeth” de Shakespeare:

La vida no es más que una sombra andante…
… Es un cuento contado por un idiota,
lleno de ruido y furia,
que no significa nada.(8)

La luz de lo sagrado es algo fundamental para la existencia humana: sólo lo sagrado da un significado auténtico a nuestras vidas diarias. Y, sin embargo, nuestra cultura racional lo ha rechazado, ha desechado sus símbolos como superstición, de modo que ni siquiera sabemos lo que hemos perdido. Y no contentos con contaminar el mundo exterior, hemos llevado nuestra avaricia al mundo interior, usando sus símbolos para vender productos que no necesitamos. Todavía peor, hemos aprendido a usar (o abusar) el potencial mágico de las imágenes y la imaginación para obtener beneficios materiales --para atraer la vida exterior que queremos, incluso el coche que podríamos desear. Esta venta de un "secreto" para obtener beneficios personales es una forma de prostitución: la prostitución de nuestra alma que está contaminando el mundo interior como hemos contaminado nuestro mundo exterior.

Como Macbeth, hemos matado a nuestro rey, nuestro yo sagrado, por los valores del ego, para obtener poder personal y beneficios, sin realmente saber qué significa hasta que la luz se apaga y nos quedamos con sólo la desolación de los mundos interiores y exteriores.

Al igual que una luz está esperando a nacer en el mundo, la luz tal como la conocemos está muriendo, se está apagando. Esta vida sin luz, sin significado o propósito, es lo que hemos creado o a lo que hemos sido arrastrados. Y hay un momento en el tiempo cósmico en el que el alma del mundo ya no puede soportar más la ausencia de luz y olvidará su propósito divino, se perderá. Cuando la luz del alma de un individuo se pierde, no puede encontrar su camino. Se convierte en un alma perdida, que vaga en la oscuridad del olvido sin objetivo: "Y aquel a quien Dios no asigna luz, no tiene luz".(9) Se dice que lo que le ocurre a un individuo, podría ocurrirle al alma del mundo, a la luz en el mundo. Entonces la luz en el mundo no podría volver a nacer, sino que permanecería extinguida y la era de la oscuridad se nos echaría encima.

El período de tiempo en el que una luz se desvanece antes de que otra luz nazca es siempre el más peligroso. Es un tiempo de transición en el que el destino del mundo pende de un hilo. ¿Seremos las comadronas de una nueva era, daremos a luz una era de unidad? ¿O la oscuridad se nos echará encima, negándonos cualquier sentido, haciendo imposible que encontremos nuestro camino? Y lamentablemente parecemos ignorar este momento, como si nuestros patrones de negación fueran tan fuertes que fuésemos incapaces de asumir la responsabilidad de nuestro destino o del destino del mundo. Las señales de la necesidad de cambio están por todos lados. Existe incluso una ansiedad profunda que está empezando a salir a la superficie de nuestra conciencia colectiva occidental de que la vida como la conocemos no puede continuar. Las fuerzas se están desarrollando en los mundos interiores y exteriores. Los que escuchan a sus sueños y a los sueños de otros han visto venir el tsunami, cernirse las nubes oscuras en el horizonte, así como han visto imágenes de un nuevo futuro, un regreso a lo sagrado y a la simple alegría de la vida. Y, sin embargo, colectivamente, se nos ha condicionado a pensar que nuestros problemas sólo están en el mundo físico alrededor nuestro, y nuestros políticos están más preocupados de los objetivos económicos a corto plazo que de una crisis ecológica que ya no podemos negar.

Existe una vieja profecía que dice que en un momento de crisis real, no sólo un desastre físico, sino una crisis al nivel del alma, es posible una intervención divina.(10) Mucha gente lo ha experimentado en su propia vida, cómo un momento de desesperación y oscuridad se convierte en un momento de gracia. Pero hemos olvidado que lo que le sucede a un individuo podría sucederle también al mundo entero. Tenemos recuerdos míticos de un diluvio en el que un Dios enojado trató de destruir la oscuridad, pero no sabemos qué podría significar que el poder de la luz divina intercediera. Hemos olvidado el poder de Dios. Ni siquiera está presente en nuestras profecías.

Nos hemos hecho mucho daño a nosotros mismos y al mundo, y las fuerzas de la oscuridad nos han mantenido apartados de la luz. Estamos atrapados en la oscuridad más profundamente de lo que pensamos, pero este es uno de los poderes de la oscuridad --no nos deja ver el peligro. Por mi propia experiencia interior, sé que sólo lo divino puede efectuar una verdadera transformación, y que se necesita la Presencia Divina para sanar al mundo. Como místico sé qué significa que un fragmento de Poder Divino venga a mi corazón y a mi vida, cómo puede cambiar todo en un momento. Conozco la realidad absoluta de Esta Presencia y cómo las fuerzas de la oscuridad no pueden resistirse a ella.

Nosotros solos no podemos realizar el cambio que necesitamos hacer y no podemos permitirnos el lujo de esperar más tiempo. Pronto se habrá ido toda la luz y se cubrirán las posibilidades para el futuro. De los corazones de aquellos que pertenecen a Dios ha nacido una oración por el mundo, un ruego apasionado que se hace eco del ruego del mundo que pide que lo Divino vuelva a este mundo, que se abran las puertas de nuestros corazones y del mundo entero a nuestro Creador y Amado. Habrá que pagar un precio por nuestro olvido, cuando finalmente asumamos la responsabilidad por nuestra cultura centrada en el ego que ha saqueado el mundo. Puede que esta sea una de las razones por las que nos escondamos de la luz. Pero "Su misericordia es mayor que Su justicia", y ¿cómo puede el mundo renacer sin la presencia de la Luz divina?

Quiera el Amado retornar y tomar este mundo entre Sus manos, y con lágrimas y ternura lavarle los escombros, con poder y luz penetrar en la oscuridad y despertar la luz que está en el centro de la creación. Este encuentro de luz y luz hará girar el mundo en su nuevo eje de amor, su nuevo lugar en el milagro del cosmos que se está desarrollando. Sin el regreso de la Luz Divina, nuestro mundo iría sin sentido a la deriva, perdido en los páramos estancados de la existencia. Necesitamos la Presencia Divina más de lo que pensamos, más de lo que nos atrevemos a reconocer. Hemos fracasado en nuestra tutela del planeta, hemos olvidado su sustancia y sentido sagrados, usándolo sólo para nuestro beneficio. Hemos olvidado leer las señales de Dios. Y ahora estamos viviendo en un momento de su historia que determinará su futuro por muchos milenios. El mundo sabe que está muriendo, y aunque no podemos devolverle a la vida, podemos dirigir la atención al Único Ser cuyo poder y belleza puede hacerlo.

Somos la oración del mundo, nuestro ruego es su ruego. Llevamos en nosotros, en cada uno de nosotros, el conocimiento de nuestro origen divino y cada uno de nuestros corazones tiene su propia conexión con Dios. Necesitamos que esta conexión de amor sea el mensajero que lleva el mensaje a nuestro Amado, para recordar a Dios nuestra debilidad y necesidad, nuestro fracaso y olvido. Cada uno a su manera rezamos nuestras oraciones, nos volvemos hacia Dios. Y este volverse de nuestros corazones es nuestra ofrenda más profunda, aquello que es lo más real en este mundo. Rezamos para que nuestro Amado escuche este ruego en nuestros corazones y en el corazón del mundo. Y sabemos que todo es según Tu voluntad.

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Notas
(1) Bhagavad-Gita (I,7)
(2) Esta serie de viajes arquetípicos ha sido publicada online: http://archetypaljourneys.wordpress.com/
(3) El significado profundo del tiempo está muy hermosamente captado el pasaje del Eclesiastés (3:1-8) que comienza: "Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo".
(4) Esta energía arquetípica está representada a menudo como Cronos o Saturno, el señor del tiempo.
(5) La importancia de la denominación de la creación está presente en el Corán. "Y Él enseñó a Adán los nombres de todas Las cosas". (Sura 2:31)
(6) He escrito varios libros, entre ellosLight of Oneness y Alchemy of Light que contienen algunas de las enseñanzas sobre la luz espiritual que pertenecen al futuro.
(7) Véase Vaughan-Lee, Awakening the World, págs. 115-124.
(8) Macbeth, acto V, escena V, 24-28.
(9) Corán 24:40.
(10) Esto es similar a la profecía de Krishna en el Bhagavad-Gita, véase cita arriba.