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Ser testigos del final de una era, parte 2

Publicado online en www.ecobuddhism.org


Mi artículo anterior, "Ser testigos del final de una era",
recibió muchos comentarios y preguntas, lo cual ha hecho necesario
que escriba un segundo artículo en respuesta a algunas de estas preguntas.


¿Qué significa que la luz de una era se haya apagado? En primer lugar, es necesario comprender qué se entiende por "la luz de una era". Desde una perspectiva espiritual cada era de la humanidad tiene una luz espiritual que genera la evolución de la conciencia correspondiente a esa era. La evolución de la humanidad es una evolución de la conciencia (1), y es la luz de la era procedente del mundo interior la que guía y posibilita esta evolución. La humanidad dispone de la cualidad única de la conciencia, mitológicamente representada como el fuego robado a los dioses, que es bastante distinta a la conciencia instintiva del reino animal. A lo largo de la historia humana, nuestra conciencia ha evolucionado y cambiado. En cada era, esta luz interior presenta características particulares que permiten a la conciencia humana cambiar y evolucionar de una manera específica. En nuestra época actual, que está llegando a su fin, esta luz nos ha capacitado para desarrollar una comprensión del mundo físico que ha cambiado esencialmente nuestra experiencia humana.

Una forma en que esta luz espiritual interior se manifiesta directamente es a través de los descubrimientos humanos. Por ejemplo, el Gótico fue posible gracias a una comprensión de cómo a partir de la piedra se pueden crear catedrales con vidrios de colores y luz que antes habían sido casi inimaginables. El Gótico fue una efusión de esta energía interior que dio lugar a un resurgimiento espiritual y a lo que es posiblemente la más bella arquitectura jamás creada en Europa. Del mismo modo, el Renacimiento fue un desarrollo de la conciencia expresada por medio del arte y la arquitectura que celebraba el espíritu humano.

Desde el siglo XVIII, "el Siglo de las Luces", se nos han dado muchos descubrimientos, especialmente en los campos de la ciencia, que han contribuido a crear nuestra civilización actual. Podríamos pensar que estos descubrimientos fueron logros de la humanidad, pero, desde una perspectiva espiritual, tuvieron lugar por un momento de "iluminación", cuando una luz del mundo interior produjo una inspiración o entendimiento, como en el instante en que la manzana cayó sobre la cabeza de Newton y se descubrió la ley de la gravedad. Detrás de cualquier gran descubrimiento humano está la luz que origina semejante inspiración. En la última era, esa luz tenía una cualidad, o conocimiento, de una comprensión del mundo físico y de las propiedades de la materia. A través de esa luz se le ha otorgado a la conciencia humana una comprensión de la materia que no había tenido en eras anteriores. En eras anteriores, la conciencia humana evolucionó gracias a la comprensión de otras realidades, por ejemplo gracias a un conocimiento del mundo interior de los símbolos y sus propiedades mágicas, conocimiento que en gran parte hemos perdido.

Lamentablemente, mientras que los descubrimientos anteriores combinaban el espíritu y la materia --por ejemplo las catedrales góticas eran una celebración de lo divino--, el conocimiento más reciente parece haber sido a costa de lo sagrado. Puede que Newton estuviera fascinado por la magia y la alquimia, pero sus "leyes" dieron lugar a una visión del mundo que lo presentaban como a una máquina sin alma. Este es el mundo sin alma, separado de la comprensión de lo sagrado de la creación, en el que ahora nuestra civilización habita. Y a medida que la humanidad fue desarrollando una conciencia que dejaba de relacionarse con lo sagrado, se fue creando una nube de olvido entre el mundo interior y exterior, entre el mundo de la materia y el mundo interior de luz. Últimamente esta nube se ha vuelto más densa y oscura, atrayendo hacia ella energías más oscuras (por ejemplo, las que se encarnan en la explotación global que llevan a cabo los consorcios) que hacen más inaccesible la luz interior que debería servir de guía a la humanidad. Ya que la actitud de nuestra conciencia afecta al mundo interior, la codicia que domina nuestra cultura actual, el enfoque en el "yo" como opuesto al "nosotros", ha alimentado esta oscuridad creciente. La explotación colectiva de nuestro entorno, que ha tenido como resultado un cambio climático irreversible, la extinción masiva de especies y la contaminación, son también una expresión de esta actitud.

Por desgracia, nuestra civilización occidental con sus valores materialistas y el olvido de lo sagrado inherente a la creación se ha convertido en las últimas décadas en una "civilización global“. Sus valores son ahora globales, y también lo son los efectos de estos valores. Exteriormente ha aumentado la contaminación y la devastación ecológica, ya que cada vez más personas quieren tener "las cosas" del materialismo. Interiormente ha aumentado el distanciamiento de lo sagrado inherente al centro de la vida. El resultado es que la oscuridad y el olvido cubren ahora casi la totalidad de nuestro planeta.

Sin embargo, esto no significa que la luz de lo Divino, la luz espiritual que existe dentro de la creación, se haya apagado. Esta luz divina está presente en cada célula de la creación. Sin esta luz no puede haber ni vida ni existencia. Toda la creación es como una luz única procedente de la Fuente que pasa por un prisma y se convierte en los múltiples colores de la existencia. Pero la luz de cada era es una luz que se entrega a la humanidad para ayudarla a evolucionar, y parte de esta evolución ha sido tradicionalmente el cuidado del bienestar físico y espiritual del planeta, lo cual no hemos logrado hacer. Sin esta luz no puede haber transformación colectiva o evolución, ni ningún cambio en la conciencia colectiva.

La luz de una era puede atraer a la luz de la próxima era. Esto es parte del misterio de la "luz sobre luz", de cómo la luz atrae a la luz. Ha habido indicios de ello en un redespertar paulatino a la interconexión de toda la creación, en un amanecer de la conciencia de la unidad que es una de las cualidades centrales de la próxima era. Junto con esta conciencia ya nos han entregado algunas de las herramientas y tecnologías de la nueva era, como la conectividad global a través de los teléfonos celulares e internet. Y, sin embargo, a pesar de la puesta en práctica del "comercio justo" y otras prácticas de sostenibilidad, el desarrollo de la "globalización" ha llevado a todavía más explotación y codicia corporativa, en lugar de conducir a valores que estén en servicio de la totalidad. Colectivamente hemos creado una brecha mayor entre los ricos y los pobres, más destrucción ecológica, más olvido colectivo de lo sagrado. Hemos colocado el progreso económico a corto plazo por encima de la preocupación real por el planeta. Y así la luz de la era pasada, en lugar de transformarse en la luz de la nueva era, se ha apagado.

El resultado es que en la actualidad no podemos dar la bienvenida a una nueva era --un cambio en nuestra conciencia colectiva hacia la unidad y un retorno a lo sagrado--, porque nos falta la luz, la energía que se necesita para que esto suceda. Aunque muchas personas han adoptado esta nueva dimensión de la conciencia y su percepción de lo sagrado, este cambio aún no ha sucedido en nuestra conciencia colectiva, en nuestro mundo empresarial o político. Es este cambio colectivo lo que se necesita si queremos restaurar y reequilibrar nuestro entorno interior y exterior.

EL ALMA INDIVIDUAL

Entonces, ¿cómo afecta esta pérdida de luz de una era al alma individual? Así como la luz de la era guía la evolución de la humanidad en esa era, cada alma viene a este mundo con una luz que la guía a lo largo de su vida. Esta luz contiene el potencial interior y el propósito de la vida individual. Cuanto más acceso se tiene a esta luz, más fácilmente somos guiados o conducidos a cumplir el destino de nuestra vida, el potencial de nuestra alma. Para la mayoría de la gente esta luz es la luz de su conciencia, que los dirige a la mejor manera de vivir. Aquellos que se sienten atraídos a las prácticas espirituales pueden, por medio de sus prácticas y su forma de vida, aumentar su acceso a esta luz y ser guiados de manera más directa desde el interior. Por eso se dice que la meta de la vida espiritual es ser guiado desde el interior, ser guiados por la luz de nuestra naturaleza eterna.

Mientras que todas las almas individuales forman parte del alma colectiva de la humanidad, hay una diferencia entre la luz de una era y la luz del alma. La luz de la persona forma parte de nuestra naturaleza divina y contiene la luz de lo Divino. Puede continuar existiendo incluso si la luz de una era se apaga, al igual que la luz divina se mantiene en toda la creación. (2) Pero la luz de una era sostiene y apoya la evolución del alma individual, la ayuda a transformarse y evolucionar. Del mismo modo, sin esta luz mayor el alma individual no puede evolucionar o transformarse; no hay evolución del alma individual. A pesar de que este mundo sigue siendo un escenario en el que el alma puede tener experiencias, ésta no puede transformarse para pasar a un nivel superior de evolución. Es difícil entender lo que esto podría significar, ya que no tenemos un lenguaje o marco conceptual para describir la evolución del alma. Pero tiene consecuencias espirituales directas para cada uno de nosotros. Esto significa que, hasta que no se nos otorgue una nueva luz, no puede haber una evolución espiritual en el alma individual, al igual que no puede haber una transformación espiritual en el mundo.

Otro efecto de la pérdida de luz de esta era es que el alma individual es más susceptible a la oscuridad que está presente en el mundo. Esta oscuridad no es sólo una fuerza pasiva, no es sólo la oscuridad de la ignorancia, sino que es una oscuridad que puede absorber nuestra luz individual. Se abre paso a través de nuestros pequeños defectos, de nuestro egoísmo y otras características negativas. La oscuridad siempre nos aleja de la luz, y las prácticas espirituales y la conducta ética, desinteresada, nos ayudan a protegernos de la oscuridad. Pero en este momento es de creciente importancia seguir el dictamen de nuestra conciencia, o el tener un comportamiento y una actitud éticas correctas (en el sufismo esto se llama adab) para asegurarnos de que la propia luz individual no sea influida por la oscuridad o disminuida por ella. También es por eso que la comunidad o sangha espiritual adquiere una mayor importancia, ya que puede contribuir a proteger la luz espiritual del individuo. Todos tenemos que trabajar conscientemente para proteger nuestra propia luz por medio de nuestras prácticas espirituales y nuestra actitud, y compartir nuestra luz con los demás en forma de actos de bondad y amor. De esta sencilla manera podemos nutrirnos y ayudarnos los unos a los otros.

El paso que ahora tenemos que dar es tomar conciencia de las dificultades actuales que tenemos en los mundos interiores y exteriores. No podemos asumir la responsabilidad de nuestro desequilibrio ecológico actual, o saber cómo actuar, si no reconocemos la devastación global que hemos creado. Tampoco podemos asumir la responsabilidad de lo que le hemos hecho a los mundos interiores, si no tomamos conciencia de la oscuridad y del olvido de lo sagrado que nos cubre. Tal vez este primer paso hacia la responsabilidad y el rendir cuentas sirva para redimir lo que hemos profanado. Es un paso hacia la madurez y la conciencia real.

Para mí es sumamente impactante comprobar que la luz de la última era se ha apagado y darme cuenta de las consecuencias --es un impacto y un dolor similares al de ser testigo de la devastación ecológica causada por las arenas de alquitrán en el norte de Canadá, un área tan grande como Inglaterra y Gales juntas convertida en un desierto, con ríos envenenados por nuestra codicia por conseguir petróleo. Pero el testimonio auténtico, como la oración, es siempre un acto de redención. Es un acto que nos aleja de la comodidad de nuestras ilusiones, ya sean materiales o espirituales. En su lugar, dirigimos la luz de nuestra conciencia hacia la verdad, sea cual sea el costo o el dolor que la verdad pueda conllevar. Manteniendo esta verdad global presente en nuestras mentes y corazones podemos convertirnos en la conciencia y en un espacio de oración para nuestro sufriente y sagrado mundo. Tal vez este sea un paso que sirva para atraer la luz de la próxima era.

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Notas

(1) Para obtener información adicional sobre la evolución de la conciencia humana, véase la serie de Joseph Campbell "El poder del mito", que explora cómo el desarrollo de la humanidad se manifiesta en su mitología. En particular, en esta era, al publicarse la imagen de la tierra desde los aterrizajes lunares, esto condujo a la percepción universal de que la humanidad debe identificarse con todo el planeta y a la aparición de una nueva mitología basada en los aspectos globales de la vida.
(2) Si el alma individual pierde su luz, el alma se convierte en un "alma en pena", que vive sin propósito o significado.