The Golden Sufi Center

Rezar por la Tierra

Publicado en versión original en inglés en Huffington Post en agosto de 2011


La oración es una manera de estar con Dios, desde la oración nacida de la necesidad, donde le contamos a Dios nuestras necesidades, hasta la oración más profunda que nos lleva más allá de las palabras a la unidad y el silencio en el corazón.

Este video (en inglés) trata de la sencillez de la oración del corazón:

Prayer


La oración es la manera más sencilla y natural de comunicarse con lo divino. En la oración habla el corazón. Existen oraciones prescritas, rituales de la comunicación interior. Pero existen también nuestras oraciones personales, nuestra manera de estar con lo sagrado que es nuestra naturaleza más profunda y la del mundo que nos rodea. Independientemente de la manera que nos sintamos atraídos a orar, en este momento hay una necesidad urgente de incluir a la Tierra en nuestras oraciones.

Estamos viviendo en una época de devastación ecológica, en que nuestra cultura materialista ha tenido un efecto catastrófico en el ecosistema. Nuestros ríos son tóxicos, las selvas tropicales están taladas y quemadas, y grandes extensiones de tierra convertidas en un desierto debido a nuestros deseos insaciables de petróleo, gas y minerales. Hemos violado y saqueado y contaminado a la Tierra de modo que se encuentra en un peligroso estado de desequilibrio que llamamos cambio climático. Si nos atrevemos a escuchar, la creación misma nos está llamando ahora, enviándonos señales de su desequilibrio. Podemos ver estas señales en el aumento de las inundaciones y las sequías, sentirlas en una tierra que ha sido envenenada con pesticidas, y aquellos cuyos corazones están abiertos quizá escuchen el grito del alma del mundo, del ser espiritual de nuestra madre la Tierra. Es un grito de necesidad y de desesperación de que la humanidad, que se suponía que era el guardián del planeta, se haya olvidado de su responsabilidad, y en su lugar profana y destruye la Tierra a escala global.

La Tierra necesita de nuestras oraciones más de lo que somos conscientes. Necesita que reconozcamos su carácter sagrado, que no es sólo algo para usar y tirar. Muchos de nosotros conocemos la eficacia de la oración por los demás, cómo es otorgada ayuda y curación, incluso de las formas más inesperadas. Hay muchas maneras de orar por la Tierra. Puede ser útil primero reconocer que no es "materia que no siente", sino un ser vivo que nos ha dado la vida. Entonces podemos sentir su sufrimiento: el sufrimiento físico que vemos en las especies en extinción y las aguas contaminadas, y el sufrimiento más profundo de nuestro desprecio colectivo por su carácter sagrado. ¿Nos gustaría que se nos tratara sólo como un objeto físico que se usa y del que se abusa? ¿Nos gustaría que se nos negara nuestra naturaleza sagrada, nuestra alma?

Durante siglos se percibió el mundo como un ser vivo con alma del que formábamos parte. Una vez que nos acordemos de ello en nuestras mentes y en nuestros corazones, una vez que escuchemos el grito de nuestro mundo sufriente, moribundo, nuestras oraciones fluirán más fácilmente y de forma más natural. Sentiremos la necesidad de rezar a nuestra manera. Una sencilla oración consiste en poner el mundo como un ser vivo en nuestros corazones cuando ofrecemos interiormente nuestro ser a lo divino. Recordamos el dolor y el sufrimiento del mundo en nuestros corazones y pedimos a Dios que se acuerde del mundo, que su amor divino y su misericordia fluyan donde sea necesario. Que incluso a pesar de que seguimos tratando al mundo tan mal, la gracia divina nos ayude y ayude al mundo, que ayude a devolver a la Tierra al equilibrio. Tenemos que recordar que el poder de lo divino es mayor que el de todas las empresas globales que siguen convirtiendo el mundo en un desierto, mayor aún que las fuerzas globales del consumo que exige la sangre vital del planeta. Rezamos para que lo divino de lo que todos somos parte pueda redimir y curar a este mundo tan hermoso y sufriente.

A veces es más fácil rezar cuando sentimos la tierra en nuestras manos, cuando trabajamos en el jardín cuidando nuestras flores o verduras. O cuando cocinamos, preparando los vegetales que la tierra nos ha dado, mezclándolos con las hierbas y especias que nos dan placer. O haciendo el amor, al compartir nuestro cuerpo y nuestra felicidad con nuestra pareja, quizá podamos sentir la ternura y la fuerza de la creación, cómo una sola chispa puede dar a luz. Entonces nuestro hacer el amor puede ser una ofrenda a la vida, un recuerdo completamente sentido del éxtasis de la creación.

La unidad divina de la vida está dentro y alrededor de todos nosotros. A veces, caminando solos en la naturaleza podemos sentir sus latidos y sus maravillas, y nuestros pasos se convierten en pasos del recuerdo. La sencilla práctica de "caminar de una manera sagrada", en la que con cada paso que damos sentimos la conexión con la tierra sagrada, es una manera de volver a conectar con el espíritu vivo de la Tierra.

Hay muchas maneras de rezar por la creación y con ella, de escuchar hacia dentro e incluir a la Tierra en nuestra práctica espiritual. Observar el simple milagro de un amanecer puede ser en sí misma una oración. O cuando escuchamos el coro de los pájaros por la mañana quizá sintamos más profundamente la alegría de vivir y despertemos a su naturaleza divina. Por la noche las estrellas nos pueden recordar lo que es infinito y eterno en nosotros y en el mundo. De cualquier forma que nos sintamos atraídos a asombrarnos o a rezar, lo que importa siempre es la actitud que llevamos a este intercambio íntimo, si nuestras oraciones son sinceras y no sólo una repetición mental.

Nuestras oraciones siempre se escuchan a través del corazón aunque establezcamos primero la conexión con los pies o las manos. ¿Sentimos realmente el sufrimiento de la Tierra, percibimosĀ  su necesidad? ¿Sentimos la conexión con la creación, nos damos cuenta de que somos parte de este ser hermoso y sufriente? Entonces nuestras oraciones están vivas, son una corriente viva que brota de nuestro corazón. Entonces cada paso y cada toque será una oración por la Tierra, un recuerdo de lo que es sagrado. Somos una parte de la Tierra que llama a su creador, que grita en un momento de necesidad.

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