The Golden Sufi Center

El yoga del Corazón
Yoga Journal, Mayo / Junio 1986

by Myrtle Heery


Entrevista a Irina Tweedie— a los 79, " una anciana sabia" del sendero sufí.

El libro de Irina Tweedie, Daughter of Fire—un relato personal de su práctica espiritual bajo la tutela de un maestro sufí de la India—(y su versión abreviada, El abismo de fuego—título de la obra en castellano), se ha hecho un clásico desde que se publicara en 1979, en gran parte por ser uno de los primeros libros que trata las dificultades que encuentra una mujer occidental en el sendero espiritual.

Cuando conocí a Irina Tweedie enseguida me sentí atraída hacia ella por el acento fuerte y rico de su voz y por su forma relajada e íntima. Me sentí en presencia de un alma que me resultaba muy familiar y mis preguntas parecieron fluir como por sí mismas, por su propia voluntad, desde un profundo lugar dentro de mí que realmente quería saber. Por medio de su presencia fuerte, animada, graciosa y profundamente cariñosa, Tweedie mostró ser una mujer en el pleno sentido de la palabra—y alguien que claramente ha alcanzado cierta medida de comprensión espiritual.

MH: En su libro El abismo de fuego, usted habla sobre la diferencia que existe entre el viaje espiritual del hombre y de la mujer. ¿Podría explicar esa diferencia, por favor?

TWEEDIE: La energía creativa del Absoluto, de Dios, funciona de un modo completamente distinto en el hombre que en la mujer. El varón usa su energía creativa para la procreación—que se manifiesta en forma de semen en el hombre. Pero nosotras las mujeres, llevamos (o más bien conservamos) la energía del Absoluto en nuestros chakras. Ya la tenemos dentro de nosotras y desde el punto de vista espiritual no necesitamos tener nada más. Consecuentemente, para los hombres es más difícil alcanzar un nivel espiritual porque la energía sexual debe ser transmutada en otra cosa.

Para nosotras las mujeres eso no es necesario en absoluto. Lo que es importante es no atarnos a las cosas materiales. Nosotras 'creamos' seres humanos. El ser humano nace de nuestro interior—se alimenta de nuestra sangre, de nuestras sustancias corporales—y realmente es parte, no solamente de nuestra psique sino también de nuestro cuerpo. El varón contribuye con la chispa, nosotras ponemos todo lo demás. Para nosotras, la seguridad, el dinero, la protección, el hogar, el alimento y sobre todo alguien que nos cuide, como un hombre (que es quien generalmente lo hace), son de extrema importancia. Para nosotras la renuncia no consiste en tratar de abandonar esas cosas. La única cosa que necesitamos es no atarnos, es des-identificarnos. Esa es la verdadera renuncia y es lo que más nos cuesta.


MH: En su libro, usted habló de la agonía física y emocional que uno atraviesa en el sendero espiritual. ¿Es posible para una mujer no pasar por tal sufrimiento?

TWEEDIE: Es muy posible. Depende de cada ser humano. Todos somos absolutamente únicos. Supongo que en mi caso fue necesario porque yo tenía mucho orgullo. Mi maestro un día me dijo que yo tenía muy mal karma y por naturaleza, desde ya que yo era muy rebelde. Creo que esa fue la razón por la que yo tuve que experimentar tanto sufrimiento. No creo que sea necesario para todos. En mi caso fui entrenada en la tradición de Tyaga. Tyaga es completa renuncia. No todos los seres humanos necesitan renunciar a todo. Yo estaba atada, identificada con las cosas. Mi marido me había dejado un buen pasar, y así mi casa, mi dinero, tuve que dejarlo todo ir. La vida espiritual es inseguridad total. No es como caminar sobre el agua, ¡es como caminar en el aire!


MH: Usted menciona su sendero. ¿Podría contarnos sobre el sendero sufí al que usted pertenece y como surgió?

TWEEDIE: Mi maestro pertenecía a la rama del sufismo Naqshbandi de la India. Los sufíes eran un grupo de monjes errantes que se llamaban a sí mismos "la hermandad de la pureza" y fueron de profeta en profeta en busca de la verdad. Son muy antiguos, mucho más antiguos que el Islam.


MH: ¿Siguen en su sendero creencias y prácticas especiales?

TWEEDIE: Muy pocas prácticas. Encuentro que el sendero sufí es muy libre. Nadie te da de comer en la boca ni te dice qué hacer. El maestro nos da unas pocas reglas muy simples, una cierta meditación y el resto lo tenemos que hacer por nosotros mismos. Pero la ética en este sendero es muy estricta, especialmente en cuanto al robo se refiere. Si uno posee más de lo que necesita, uno está robando. Nuestro maestro nos dijo que si no devolvemos un libro a la biblioteca a tiempo, uno está robando porque otra persona podría estar leyéndolo. Y si comemos más de lo que necesitamos, estamos robando porque alguien más podría tener ese alimento. No tenemos derecho a tomar más del medioambiente que lo imprescindible.


MH: ¿Cómo entienden en su sendero el concepto de ahimsa?

TWEEDIE: Nuestro maestro decía que refrenarse de matar es únicamente una noción muy rudimentaria de ahimsa, de inofensividad. Ahimsa es mucho más complejo que eso. Por Sobre todo, los seres humanos no deben lastimarse a sí mismos. ¿Y cómo nos lastimamos? Creando hábitos. Cuando creamos hábitos, nos encarcelamos. Si no puedo estar sin tomar té, me aprisiono. Si digo que no puedo estar sin cigarrillos, estoy encarcelado por los cigarrillos. El sufismo considera que somos nosotros quienes nos atamos, encarcelamos; y necesitamos liberarnos. Nadie puede hacerlo por nosotros. La llave es por medio del corazón.

 

MH: En su libro, usted a menudo habla del corazón. ¿Es sufismo el sendero del corazón?

TWEEDIE: Si. Este es el sendero del amor y el sendero del corazón. De más está decir que no me refiero al corazón físico en sí, sino al centro psíquico del corazón, al chakra del corazón.

 

MH: ¿Cómo es el enfoque con respecto a la energía kundalini en esta senda?

TWEEDIE: En el yoga del corazón, kundalini despierta suavemente, uno casi ni la nota al principio. Uno la percibe solamente cuando ya ha llegado al chakra del corazón; entonces uno siente paz, liberación, alegría y mucho amor. Antes de esto, kundalini es despertada tan suavemente que uno ni siquiera lo nota. La energía kundalini solo puede despertar en meditación profunda, sucede por sí mismo. [Pero] Meditar para despertar la kundalini, creo que es tomar el bastón por la punta errada. La energía llamada kundalini es energía terrestre, de la tierra. Se la considera femenina y es la misma energía que se halla en el centro de cada átomo. Esta energía es absolutamente necesaria para alcanzar la Realidad, para alcanzar la realización. Esa es la razón de que todas las escrituras digan que para alcanzar la realización, la Realidad, debemos tener un cuerpo físico. Si no la alcanzamos en esta vida, tenemos que esperar otra reencarnación. Si la kundalini despertase por casualidad o por error o con la ayuda de un maestro que no es suficientemente competente, puede ser muy peligroso. La persona en cuestión puede terminar en un hospital psiquiátrico o hasta puede morir. Nuestro maestro una vez nos dijo: "La gente muere por su causa, la gente se vuelve loca. Pero conmigo nunca le pasó nada a nadie", y sonrió. Él era un maestro muy poderoso.

 

MH: ¿Es necesario tener un maestro en su senda?

TWEEDIE: Los sufíes dicen que es necesario, pero el maestro externo siempre apunta al maestro interno. Hablando estrictamente, uno no necesita un gurú. La vida es el mayor maestro. Pero para percibir que la vida es el más grande maestro, uno ya debe haber alcanzado cierto grado de evolución. Si no, es como asegurar que toda la gente será sabia al llegar a los ochenta. Por supuesto que no todos lo son. Los sufíes dicen que un maestro es necesario porque el sendero sufí es la senda de los místicos. En el camino místico pueden ocurrir cosas tremendas: visiones, voces, sueños poderosos, apariciones, éxtasis. Si uno nunca ha experimentado tales cosas—que desde ya, uno no las ha tenido cuando recién comienza—uno necesita un maestro que nos ayude en el camino. Y luego ciertas experiencias son de tal magnitud que uno realmente cree que se está volviendo loco y se necesita alguien que te tome de la mano y diga: "No, todo está bien."


MH: Usted habló de su maestro guiándola después haber dejado su cuerpo físico. ¿Cómo fue esa experiencia?

TWEEDIE: El objetivo de todo yoga es llevar una vida guiada. Si el maestro es realmente un gran ser, el puede llevar al discípulo a un nivel donde el estudiante puede alcanzar al guía espiritual después de su muerte y viceversa. Pero yo no lo sabía en ese entonces y cuando él murió, me sentí traicionada. Estaba desesperada y sentí la necesidad de estar totalmente sola. Fui al Himalaya. Allí un día, en meditación profunda descubrí que podía contactar a mi maestro. En ese momento mi verdadero entrenamiento espiritual comenzó. Desde entonces, tuve que llevar una vida doble: una vida normal en este mundo y un tipo de atención constante dentro de mí.

 

MH: ¿Es esto a lo que usted se refiere en su libro como la presencia constante de Dios?

TWEEDIE: Sí, es como si uno viviese en dos niveles. Parte de ti está constantemente atendiendo a esta guía interior. Ocurre naturalmente. Y la otra parte vive en este mundo. Al principio no es fácil, pero más tarde te acostumbras, se vuelve automático.



MH: ¿Esta experiencia no ocurrió hasta después de su muerte?

TWEEDIE: Sí, esta experiencia ocurrió cuando descubrí que podía contactar a mi maestro. Una noche en meditación profunda mi maestro estaba presente. No puedo explicar cómo, pero de pronto supe que era el maestro. Él no tenía forma física, era tan sólo puro poder. La totalidad de mi persona se encogió en completo terror. Pero poco a poco me acostumbré a ello. Había una comunicación total, una guía total. De algún modo uno simplemente sabe. La mente acepta completamente que no es uno quien está hablando, sino otra cosa. A medida que pasaron los años, esta guía dejó paulatinamente de aparecer. Cada vez más se me dejó sola para tomar decisiones y al principio fue muy incómodo. Yo intentaba comunicarme, contactarlo y no había respuesta, sólo absoluto silencio. Y luego, en un instante, cuando más lo necesitaba, mi mente sabía. Era como una impresión en el corazón y era evidente que no venía de mí porque un segundo antes no sabía nada al respecto. Algunas veces las respuestas a las preguntas eran cosas que yo no podría haber sabido como ser humano. Soy una persona muy común, ¿cómo podría haber sabido las respuestas a los complejos problemas que los seres humanos a veces padecen? Lo que es mucho más maravilloso es que las respuestas eran siempre correctas.

 

MH: ¿De modo que este estado del que usted habla es de hecho bastante práctico?

TWEEDIE: Si, es un conocimiento bastante práctico. Un conocimiento semejante no se adquiere sino que más bien se refleja desde un plano de existencia diferente. Verás, se dice en las escrituras que al final del sendero espiritual, el alma o atman del maestro y el alma del discípulo se unen. Yo nunca entendí este dicho. Tal vez la pista se encuentre allí. La unión tiene lugar en un cierto nivel del cual la mente no sabe nada y tal vez, el conocimiento viene de ahí. No tengo nada que decir sobre ello porque yo misma no sé cómo funciona. Cuando lo necesito, está allí. Y también sé que conseguí el derecho de tenerlo para los demás, nunca para mí. He pagado por ello conmigo misma.

 

MH: Pareciera que su estado de desesperación la abrió a una experiencia mística.

TWEEDIE: Sí, eso es exactamente lo que sucedió. Cuando mi maestro me envió de vuelta a Londres le dije: "Voy a estar sola. ¿Qué voy a hacer?". Él se encogió de hombros y dijo: "Te sentirás desesperada y gritarás. Él siempre está allí, alinéate, harmonízate". Yo creo que este estado de desesperación, este estado de máxima necesidad, dispara algo en nosotros, nos abre a algo dentro de nosotros, que permite que ese conocimiento surja.

 

MH: ¿Puede cualquier persona tener una experiencia mística?

TWEEDIE: La experiencia mística es algo perfectamente normal que todo ser humano experimenta en algún momento u otro de su vida, sin saber que esa es una experiencia mística.

 

MH: "Vivir en la completa presencia de Dios, ¿es diferente o similar a una experiencia mística?

TWEEDIE: Es parecido y es distinto. Las experiencias místicas, como todas las cosas, son relativas y pueden tener diferente grado de intensidad. La gran experiencia de la presencia de Dios, desde ya, es la más elevada. Hay gente que yo no creí que fuesen espirituales para nada, y sin embargo experimentaron ese estado después de tan sólo una breve meditación. Tienen experiencias tremendas, absolutas, transcendentes de algo que podría ser llamado Dios. ¿Cómo puedes explicarlo? Se dice en las escrituras—pero no en las escrituras sufíes—que tal vez ellos hayan tenido esta experiencia en una vida previa. Yo no tengo una explicación de ello.

 

MH: Pareciera que una parte significativa de su experiencia se dejó afuera del libro, [me refiero a] la experiencia que comenzó justamente después de la muerte de su maestro y que la abrió a la experiencia espiritual mucho más completa de estar en presencia de Dios todo el tiempo.

TWEEDIE: Sé que para que estas comunicaciones sean posibles, una parte de mí siempre permanece en la paz infinita, como a los pies de Dios. ¿Qué es lo que ve la gente? Tan sólo un ser humano, una anciana con sus manías. Eso es algo que uno puede ignorar. Pero si el ser humano es capaz de identificarse con aquello dentro de uno que es eterno, entonces las cosas ocurren continuamente del modo más misterioso.

Hay una joven muy agradable que ha estado viniendo a mí cada día por muchos años, y alguien le preguntó: "¿Pero qué hacen en ese grupo? Ustedes toman té, están juntos, meditan y casi no hay ninguna disciplina." "No pasa nada ", ella contestó, "excepto lo extraordinario”. Todos los días ocurren milagros. Nuestro maestro está con nosotros de forma realmente palpable. En este grupo todo tipo de cosas suceden. Estamos realmente involucrados en la cosa humana. Nacen bebés, mueren personas, las parejas se casan, sucede de todo. Y recibimos mucha, mucha ayuda. La gente pasa exámenes [que no podían pasar antes], los niños se mejoran, porque ellos rezan, piden. Hay un modo de rezar con el corazón. Si pides con la cabeza, nada sucede, pero si elevas tu corazón con fe y amor, entonces las cosas suceden fácilmente.

La gente [a veces] tiene visiones por supuesto, y eso puede crear problemas, no sólo para el que tiene la visión (porque es muy confuso) sino también para quien tiene que interpretarla. Generalmente lo hacemos en grupo. E interpretamos los sueños al modo junguiano porque lo que me di cuenta con mi maestro fue que la antigua tradición yoga de sufismo es absolutamente idéntica con la psicología junguiana. Mi maestro me envió de regreso a Londres a raíz de un sueño. Yo me quejé: "Usted me está mandando de vuelta justo cuando parecía que estaba llegando a algo. ¿Por qué?". "Tu sueño me indica que debes irte", dijo. "Aquí a mi lado no progresarás. Debes ir al mundo y hacer algún trabajo. Quedarte aquí sentada no es bueno para ti."

 

MH: ¿Cuál es la relación entre la individuación de Jung y la vida espiritual?

TWEEDIE: Creo que la vida espiritual comienza donde termina la individuación. Después de todo, Carl Jung mismo dijo que la individuación nunca es un acontecimiento espiritual, es completamente psicológico. Hace que el ser humano pueda casarse, establezca una relación, trabaje—que lleve una vida humana común y corriente. Pero el sendero espiritual lo lleva a uno más adelante, más allá de la personalidad. Ya durante el proceso de individuación, hay muchos signos de que el ser humano es más que lo que vemos unos de otros. Los sufíes creen que somos eternos, inmortales y ancestrales, que no tenemos ni principio ni fin. Somos tan sólo un rayo de Dios, una parte del sol espiritual.

 

MH: Pareciera que en la psicoterapia, aun en la tradición junguiana, uno fortalece el ego, mientras que en la tradición espiritual el ego se destruye. ¿Es necesario tener un ego fuerte antes de entrar en el sendero espiritual?

TWEEDIE: Hasta donde yo he visto y he leído en los trabajos de Carl Jung, la psicoterapia no trata de fortalecer [ni de aumentar] el ego, exactamente. Diría que más bien hace que un ser humano tome conciencia de la parte de sí mismo llamada ego. El proceso de individuación es una experiencia que nos llena de humildad en la que uno comprende quién es realmente y se tiene que aceptar, tragar toda su oscuridad. En el momento que uno se da cuenta que todo está latente en nosotros, toda falta, transgresión posible, todo posible ego, nunca más podremos juzgar a otro ser humano.

 

MH: Con todos los distintos grupos espirituales que están surgiendo ahora, pareciera que pudiese darse una [mayor] aceptación de los distintos senderos a Dios, en vez de una competencia entre ellos. ¿Es posible que la gente sepa en sus corazones que todos los caminos llevan a Dios?

TWEEDIE: Sí, creo que eso sucede automáticamente. Verdaderamente, la así llamada competencia ocurre sólo en la superficie. Mira, el ser humano tiene que entender todo a través de su condicionamiento. Es extremadamente difícil. Somos completamente individuales, debemos asegurarnos de que cada religión y cada filosofía se adecuen a cualquier persona en cualquier lugar. Cristo tuvo que hablarles a los pescadores ignorantes de un modo distinto que Mahoma les habló a los árabes que cabalgaban en camellos y peleaban constantemente, una tribu contra la otra otra. El sofisticado Buda tuvo que hablarles a los elegantes sacerdotes de los hindúes de un modo completamente distinto, que por dar un ejemplo, Zoroastro. Desde ya, que en muchos grupos se dice "mi enseñanza es mejor que la enseñanza del otro", pero eso no es bueno. Rasca un poquito debajo de la superficie de cada religión, de cada filosofía y encontrarás "una" verdad subyacente a todas. Pero al principio no creo que sea necesariamente errado que el ser humano pertenezca a diferentes grupos y sea dogmático. ¿Qué es el dogmatismo? Es una limitación. Llegará un momento en que todos trascendamos esta limitación en meditación y comenzamos a comprender que realmente todos los senderos son distintos caminos para llegar a la cima de la montaña.